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7 noviembre, 2018 2 Por Nacho Cuesta

Es un tema recurrente pero siempre será un tema de actualidad. La formación es imprescindible para cualquier persona. Desde que nacemos no hacemos otra cosa que aprender: aprendemos a comer, a andar, a comunicarnos… La vida es un aprendizaje continuo, y está demostrado que estamos aprendiendo hasta nuestro último día. La diferencia reside en la voluntad y la intensidad con la que nos formamos.

¿En qué consiste la formación? En un artículo pasado ya hablamos sobre este tema. Decíamos que la noción de formación suele ser asociada a la capacitación, sobre todo a nivel profesional. La formación de una persona, por tanto, está vinculada a los estudios cursados, al grado académico alcanzado y al aprendizaje ya sea a nivel formal o informal.” Pero la formación no siempre tiene que ser académica.

Hace tiempo hablábamos también de si merece la pena invertir en formación. Respondíamos a la pregunta con un rotundo , ya que las cifras indican que hay un claro retorno de la inversión tanto a corto como a largo plazo. Pensemos al respecto, ¿cuánto dinero gastamos en otras cosas? (claro está, quitamos lo que se dedica a las necesidades básicas) cosas banales, físicas, innecesarias. ¿Cuánto cuesta un móvil, una hamburguesa, unas zapatillas, etc.? ¿Y un libro, un curso, un máster…? Si partimos de que la formación es para siempre, ¿es suficiente el tiempo y dinero que empleamos?, ¿Cuánto tiempo gastamos en cosas triviales? Quien no ha “perdido” horas en las redes sociales o mirando la televisión sin ver realmente nada.

Como personas seguimos desperdiciando tiempo y oportunidades. Al igual que las empresas, ya que según datos de la FUNDAE, las empresas dejaron sin gastar el 34,2% del crédito formativo asignado en 2017. Es decir, se desaprovecharon más de 268 millones de euros que podrían haber sido destinados a la formación de trabajadores. En 2015, el porcentaje del crédito formativo desperdiciado se situaba en el 28%. No sólo no mejoramos, sino que empeoramos.

La formación nos permite aprender, entrenarnos, capacitarnos y desarrollarnos como personas y profesionales. Aparte de la experiencia y bagaje que cada uno de nosotros aportamos, es fundamental el reciclaje y la actualización de conocimientos y destrezas que permitan enriquecer nuestra labor y progresar. Hace poco leí en Twitter una cita acertada que decía: El paso implacable del tiempo envejece nuestro cuerpo. La ausencia de aprendizaje y resilencia envejece nuestro cerebro” – Virginio Gallardo.